Juguemos a intentar a entender a los Marlins

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Descifrar a la gerencia de los Marlins probablemente sea una de las tareas más complicadas que existan entre los 30 equipos que conforman las ligas mayores. Se ha vuelto costumbre que los de Miami realicen movimientos que dejen hasta al más estudiado del deporte rascándose la cabeza en señal de incomprensión.

Si bien es cierto que hasta la fecha los Peces aún no han movido una sola pieza en el mercado de la agencia libre, sí han comenzado los rumores sobre los posibles objetivos que tendrían en los próximos días, produciendo el mismo sentimiento de incertidumbre mencionado.

Kenley Jansen y C.J. Wilson son los nombres que han generado interés en las oficinas ubicadas en la Pequeña Habana.

Comencemos con Jansen, quien según varios reportes sería el objetivo número uno del equipo; un veterano cerrador de 28 años, que viene de su primera participación en un Juego de Estrellas y de ser un pilar en el bullpen de los Dodgers en la postemporada, tras haber salvado 47 compromisos en la temporada regular con 1.87 de efectividad. Sin duda son números atractivos para cualquier equipo en las Mayores, y para los Marlins, poder conformar un cuerpo de relevo con A.J. Ramos, Kyle Barraclough, junto a Jensen y otros, significaría armar uno de los mejores conjuntos en la liga en lo que respecta a bullpen.

Todo suena muy bonito hasta ahora, pero entendiendo que la principal tarea de un relevista es preservar la ventaja dejada por el pitcher abridor, los de Miami tienen un vacío más importante de llenar.

Hasta ahora la rotación de abridores de los Marlins es la siguiente: Adam Conley, Wei-Yin Chen, Tom Koehler, José Ureña y Jake Esch: la cual sería una potencial a nivel Triple-A, ¿en las Mayores? parece ser todo lo contrario.

De nada sirve un bullpen blindado si tu primer abridor — el encargado de competir contra serpentineros como Jon Lester, Corey Kluber, Clayton Kershaw, Max Scherzer o David Price– es Adam Conley. El trabajo de la oficina de los Marlins parece simple; buscar pitcheo abridor, nada más. Es por eso que la noticia del interés de Jansen causó tanta incredibilidad en el mundo del béisbol.

Ahora bien, el interés de Wilson sí se alinea un poco con esa idea. Sin embargo, la huella de Loria también está bien marcada en ese rumor. C.J. Wilson no ha visto acción en un juego de pelota desde el 28 de julio del 2015, producto de una cirugía en su codo y una más en su hombro.

Los Marlins ya mostraron interés en él en el 2011, cuando éste decidió firmar con los Angelinos, siendo para ese momento uno de los serpentineros más cotizados en el mercado, luego de sus grandes actuaciones con los Rangers de Texas, que le valió asistir a un Juego de Estrellas en su última campaña con ellos. En su primera con los de Anaheim repitió su pase al encuentro del clásico de mitad de temporada, sin embargo ya el serpentinero tiene 36 años, y tras un año y medio alejado de la acción, es imposible descifrar cómo vaya a ser su actuación en la Gran Carpa.

Esta firma sería una apuesta de bajo costo para los Marlins, algo aceptable si ya cuentan con una firma de peso de otro lanzador abridor, pero si las esperanzas de Miami están puestas en Wilson como el as de la rotación, la transacción iría directo al montón de decepciones de Loria.

Como mencioné al comienzo, los Marlins están por mover su primera pieza en el mercado de cambios, por lo que todavía no puede juzgársele por un par de rumores. Pero sin duda no ha sido el mejor comienzo para los de Miami, quienes podrían cometer las mismas pifias que en el pasado, desperdiciando a un núcleo especial de jugadores que tienen a  la ofensiva por no ser capaces de equilibrar la balanza con un cuerpo de abridores capaces de ayudarlos.

Varias veces he mencionado que los Marlins no están lejos de armar un equipo capaz de competir con los mejores en las Grandes Ligas, pero la mala noticia es que también están cerca –con uno o dos errores—de volver a tener que comenzar una reconstrucción, por la falta de prospectos que tienen en las granjas, junto a la ya mencionada carencia de brazos abridores.

Esta temporada muerta es vital para el futuro de los Marlins, sólo queda esperar y confiar en Loria; no hay otra opción.

¿Tenemos cabras en Miami?

Por: Ricardo Montes de Oca

Los Cachorros y los Indios protagonizaron una Serie Mundial histórica, finalizando con los de Chicago alzando el trofeo de Serie Mundial por primera vez en 108 años.

Pero con ambos conjuntos midiendo el pulso en lo más alto del escenario deportivo, aquí en Miami aprovechamos la ocasión para preguntarnos algo: ¿cuándo será nuestro turno, cuánto tendremos que esperar para que la ciudad vuelva a formar parte de un duelo tal?

Los Marlins han sido afortunados. Con apenas 23 años de historia, ya cuentan con dos Series Mundiales en su haber. Pero con la historia que ha tenido el equipo desde ese último viaje al olimpo del béisbol, pareciera que el tiempo pasado no va acorde con la percepción común; esas 13 campañas han sido una eneternidad.

El sufrimiento de los aficionados de los Marlins es mayor al que cualquiera pudiera pensar desde la distancia, para un equipo que “apenas” tiene 13 años sin alzar el campeonato. Cambios inesperados han enmarcado una continua seguidilla de decepciones que recaen una y otra vez en el ya grupo de decepcionados fanáticos, quienes, en contra de su voluntad, se han obligado a alejarse cada vez más del béisbol del sur de florida, luego de malacostumbrarse erróneamente a dos repentinos títulos mundiales.

Theo Epstein, encargado de acabar con las dos “maldiciones” más grandes del béisbol –llevando a los Medias Rojas y a los Cachorros a conseguir el campeonato tras grandes períodos de tiempo sin hacerlo– le dijo a los fanáticos de Chicago hace cuatro años que le dieran ese tiempo para construir un equipo competitivo, y así lo hizo.

De ese conjunto del 2012, el primero bajó las ordenes de Epstein como presidente de operaciones, sólo Anthony Rizzo y Travis Wood, formaron parte de este conjunto campeón de Serie Mundial; ejemplificando que en cuatro años puede armarse una nómina capaz de lograr cosas importantes.

Ahora, ¿en qué parte del proceso están los Marlins? ¿están antes o después de esos cuatro años?

Permítanme ahorrarles y poco de tiempo; con todo y lo aleatorio del béisbol, estoy confiado en la afirmación de que Miami está lejos de un proceso similar.

Luego de presenciar las labores monticulares de la rotación de los Cachorros, conformada por Jon Lester, Jake Arrieta, Kyle Hendricks y John Lackey, y del trabajo hecho por todo el cuerpo de lanzadores de los Indios, encabezado por el abridor Corey Kluber y los relevistas Andrew Miller y Cody Allen, da a entener, una vez más, que el equipo con el mejor staff de serpentineros probablemente sea quien termine alzando el trofeo.

Entonces, con un equipo de los Marlins que cuenta con Wei-Yin Chen como el probable para ser primero en la rotación, es sano decir que no es un buen augurio para el conjunto que juega en la “Pequeña Habana”.

Para entrar en contexto; Chen, o cualesquiera de los demás abridores que tuvieron los Marlins este año, con la clara excepción de José Fernández, estaría ocupando el quinto puesto de la rotación de los Cachorros, o tal vez ni siquiera, con Jason Hammel ejerciendo esa labor. Mientras que comparando el bullpen de los Indios, su fuerte para alcanzar la máxima instancia del béisbol, A.J. Ramos, cerrador de los Peces, quizás estaría designado como relevista ocasional, por detrás de los ya mencionados lanzallamas de la Tribu.

Entendiendo todo esto, los Marlins están lejos de regalarle a Miami un nuevo campeonato con la plantilla actual. Y con la escaces de prospectos que tienen en sus granjas, la fantasía de poder emular lo hecho por los Cachorros en un futuro cercano, cuando éstos subían un prospecto rendidor tras otro, se encuentra cada vez más alejado de la realidad.

Esto no significa que tenga que pasar un siglo para que Miami sea casa de una tercera Serie Mundial, el béisbol es muy impredecible para decir algo tal, pero en un deporte que se rige por la exigencia de los lanzadores, los Marlins no pintan nada bien para competir en la postemporada en las próximas campañas.

PD: Ojalá y está columna sirva pronto como una evidencia del error, y que Miami pueda presenciar pelota de Serie Mundial.

 

 

Miami llora la partida de José Fernández

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

El cubano falleció este domingo en un accidente con un bote en Miami Beach

Con una sonrisa; así se recordará por siempre a José Fernández. Un pelotero auténtico, que disfrutaba lo que hacía y que valoraba cada segundo de su vida que pasó uniformado con la camiseta de los Marlins. Vida que terminó, en un abrir y cerrar de ojos, en la madrugada del sábado.

¿Cómo se hacer para describir la vida de José Fernández?

José Fernández es el retrato de los cubanos en Miami. El reflejo del llamado “sueño americano”, que a pesar de las mayores dificultades, había conseguido su sueño de lanzar en las Grandes Ligas.

“Lo logramos”, fueron las palabras de Fernández cuando subió a la loma por primera vez en su carrera con los Marlins de Miami. Refiriéndose a él, a su familia y a todos los cubanos que sueñan con lo que en ese momento estaba viviendo.

Esas palabras significan mucho. “Lo Logramos” no tiene el mismo significado que la mayoría de los peloteros que consiguen la meta de jugar en las Grandes Ligas. “Lo logramos” significa haber superado tres intentos fallidos de abandonar la isla, significa haberle salvado la vida a su madre en plenas aguas abiertas del océano, significa haber aprendido el inglés mientras otros niños se enfocaban sólo en jugar, significa haber podido traer, después de años, a su abuela para que lo viera jugar pelota, significa el lujo de poder vivir en libertad. Un aspecto que siempre estuvo consciente de tener.

“Tu naciste en libertad, por eso no entiendes lo que es”, dijo en múltiples ocasiones el talentoso serpentinero nacido en Santa Clara el 31 de julio de 1992, a sus compañeros de equipo, entrenadores o cualquier persona que le preguntara sobre su vida en Cuba.

Es por eso que siempre estaba sonriente mientras jugaba pelota. Para “Joseíto” el béisbol era un juego, nada más; un lujo que la vida le había regalado, que ni una cirugía Tommy John le podía quitar. Ese gusto e intensidad por el béisbol que disfrutaba cada segundo, era contagioso. Lanzara o no, siempre podía verse a Fernández disfrutando en el dogout de los Marlins.

Cómo sentir presión, malestar o frustración por el juego, cuando en algún momento de su vida lo único que podría esperar Fernández era estar vivo.

La vida es cruel e irónica en ocasiones.

La primeras tres veces que Fernández intentó salir de Cuba con destino a Miami—una ciudad que años después lo convertiría en su ídolo—terminó siendo devuelto por la guardia costera y ganándose incluso un período en prisión en Cuba, con 14 años de edad.

La cuarta fue la vencida, cambiando su destino a México, en un viaje que pudo haber terminado con la muerte de su madre, quien había caído al mar producto a la gran marea que azotó al bote que los llevaba, sin embargo Fernández no lo permitió, y saltó al mar en auxilio de su madre, consiguiendo salvarle la vida.

Lo lograron. Llegaron a salvo a tierras mexicanas, en donde tuvieron que enfrentar otros obstáculos para pasar la frontera. Pero lo hicieron, por fin consiguieron ingresar a los Estados Unidos.

Posteriormente se establecieron en Tampa, en donde comenzó a crecer el Fernández pelotero, con logros que posteriormente fueron dignos para ser escogido en el 14to puesto del Draft del 2011 por los Marlins.

Dos años después debutó con el equipo, teniendo una campaña merecedora para ganarse el Novato del Año de la Liga Nacional, con marca de 12-6 y 2.19 de efectividad. Se esperaba que lo mejor estuviera por venir para el serpentinero de para entonces 20 años de edad. Pero en el 2014 comenzaron otros percances, uno que para la mayoría de los lanzadores es una pesadilla.

Fernández necesitó realizarse la cirugía Tommy John en el 2014, tras apenas ocho encuentros. Sin embargo el cubano lo enfrentó como sólo él sabía, con una sonrisa. A pocas semanas de la cirugía, Fernández no dudo en subirse a la tarima en donde estaban cantando su coterráneos “Gente de Zona” en un concierto que estaban dando en el Marlins Park, aún con su brazo inmovilizado, demostrando una vez más, que la vida va mucho más allá del el béisbol.

Siguiendo la tendencia de su vida, tuvo la paciencia y perseverancia para volver en julio del 2015.

Días antes de su fallecimiento y después de maniatar a los Nacionales de Washington con tres imparables permitidos en ocho entradas en blanco –en lo que sería el último juego de su vida—Fernández dijo que simplemente estaba satisfecho por haberse mantenido saludable todo el año.

Y de pronto allí estaban Martín Prado, David Samson, Michael Hill y Don Mattingly compartiendo el podio, con el resto de la plantilla parada detrás de ellos, para hacer oficial la noticia con lágrimas en los ojos; José Fernández falleció, dejando el “qué hubiese pasado” implantado para siempre a su nombre.

José Fernández  ejemplificará por siempre el amor por la pelota; la razón por la que un niño juega béisbol y que él nunca perdió.

Descansa en paz José Fernández.

 

¿Qué pasa con los fanáticos de Miami?

 

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Si bien las matemáticas todavía reflejan la posibilidad de que los Marlins puedan alcanzar la postemporada, lo cierto es que para que eso ocurra, haría falta una intervención que roce con lo divino. No pudieron más; por más que lucharon en contra de la marea, finalmente los peces cedieron a las adversidades.

Las lesiones acabaron rápidamente –una racha de una victoria en 10 diez encuentros—con las aspiraciones de los de Miami, que se vieron apoyados en un par de juegos por unos fanáticos esperanzados en el Marlins Park, para luego tener un choque con la realidad, y volver a las viejas andancias; con una asistencia que va de la mano con el porcentaje de victoria del equipo en la segunda mitad (.423).

Sólo un milagro sería la causa de una clasificación los playoffs, una que se le ha hecho esquiva al equipo desde el 2003. El mánager de los Marlins, Don Mattingly, y el resto el cuerpo técnico ha puesto toda la carne en el asador; trayendo antes de tiempo a Giancarlo Stanton, Justin Bour y a Marcell Ozuna de sus respectivas lesiones, para un último puje por volver a la pelea contra unos inspirados Cardenales, Mets y Piratas, que se han separado de Miami por el segundo Comodín del viejo circuito.

A final de cuentas, y sí no ocurre una corrida histórica que le otorgue a los Marlins un boleto a la próxima ronda, la temporada del equipo terminará de la manera que muchos pronosticaron antes del arranque. Con todos los buenos momentos de los Peces en el año, el imparable 3.000 en la carrera de Ichiro Suzuki, el dominio desde la loma de José Fernández, los cuatro jugadores que asistieron al juego de estrellas (Marcell Ozuna, A.J. Ramos, José Fernández y Fernando Rodney), el renacer de Martín Prado, Ozuna y Christian Yelich. Junto a las no tan positivas, como el slump de Stanton, la suspensión de Dee Gordon y las múltiples lesiones; el resultado que se esperaba ocurrió, con la escuadra de Miami quedándose corta de los playoffs y luchando por mantenerse con un record de .500.

Sin embargo, tras lo visto este año en Miami, sí hay algo que debe preocupar.

Quizás ya es demasiado tarde para que el fanático de los Marlins vuelva a confiar en su equipo. Tal vez es muy pronto para olvidar esos canjes que partieron el corazón a más de un fanático de la pelota del sur de Florida. Puede que la gerencia haya llegado a una posición de no retorno ante una dolida afición.

A falta de 13 juegos en casa, 1.450.130 fanáticos han asistido al Marlins Park en el año, según Baseball Reference, para un promedio de 21.325 por encuentro. En la campaña pasada, cuando los Marlins fueron de los peores equipos de las Mayores, promediaron 21.633 aficionados por compromiso y totalizaron 1.752.235.

Parece que ni las victorias pueden sanar la herida de los aficionados.

Es inexplicable que en el 2016, cuando el equipo estuvo por la mayor parte del año en la lucha por un puesto hacia la postemporada, y jugando béisbol a un gran nivel, las gradas del estadio ubicado en la Pequeña Habana se mantuvieran vacías. Claro, ese no fue el caso en los encuentros que disputaron ante los Mets, Cachorros, y algunos otros conjuntos, cuyos fanáticos ocuparon gran parte del Marlins Park para aupar a sus equipos, dejando al equipo de casa, jugando pelota en un ambiente de visitante.

Tal vez un boleto a la postemporada cambie las cosas, o quizás una temporada de Jugador Más Valioso de Giancarlo Stanton, la adquisición de un jugador de renombre en la temporada muerta. O tal vez sea una inevitable venta del equipo lo que haga que los fanáticos de béisbol, que han sido complacidos con dos Series Mundiales, puedan volver a enamorarse del deporte en el sur de Florida.

Mientras tanto disfrutemos, mientras podamos, de lo que queda de temporada en Miami.

La resiliencia de los Marlins

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Ricardo Montes de Oca

@RicardoEMontes

Mucho se ha hablado del trabajo que ha hecho Barry Bonds, en una nueva etapa en su carrera como coach de bateo de los Marlins, al revivir la de Marcell Ozuna y de acreditarse parte del éxito que han tenido jugadores como Martín Prado, Christian Yelich, Derek Dietrich, entre otros, haciendo que el conjunto de Miami sea visto como uno de los mejores equipos a la ofensiva de la Liga Nacional.

Juan Nieves, coach de los lanzadores de los peces, ha hecho un gran trabajo con un diezmado cuerpo de lanzadores, teniendo que adaptarse a la poca consistencia de sus pupilos. De la rotación del juego inaugural, sólo sobreviven José Fernández y Tom Koehler.

Doce son los lanzadores que los Marlins han utilizado para comenzar un juego este año, incluyendo nombres como Kendry Flores, Paul Clemens, Colin Rea, Jarred Cosart, Justin Nicolino, Wei-Yin Chen, Adam Conley, entre otros, de los cuales unos están lesionados y otros ni siquiera se encuentran ya con el equipo.

En la actual rotación, además de Fernández y Koehler, están José Ureña, el recién adquirido Andrew Cashner y David Phelps, quien esperó su turno desde el bullpen, hasta que la recibió el 5 de agosto, cuando hizo su primera apertura de la temporada.

Hablando de Phelps, éste puede ser considerado de los mejores y más dinámicos lanzadores de los Marlins en el año. Comenzó la campaña como relevista, en el puesto de preparador de A.J. Ramos, en la octava entrada. Cuando llegó Fernando Rodney a ocupar su puesto, Phelps se movió más a un rol de relevista largo, pero ante su buena actuación y las lesiones de los abridores, eventualmente fue designado con el rol de abridor.

En sus primeras cuatro salidas, Phelps ha destacado como lo hizo en sus tiempos de prospecto, con una efectividad de 1.31, con tres carreras limpias permitidas, 26 ponches y siete boletos en 20.2 entradas de labor.

A pesar de todos los inconvenientes que han tenido los Marlins en el año, ahí están, peleando por un puesto en la clasificación. Es difícil imaginarse un escenario más adverso que el que han tenido este año; con Dee Gordon –campeón bate, líder en bases robadas, bate de plata y guante del oro de la Liga Nacional en el 2015—suspendido por más de 80 juegos, histórico slump y eventual lesión de Giancarlo Stanton, y el ingreso a la lista de incapacitados de Ramos, Conley, Chen y Justin Bour.

Juan Nieves se lleva una buena parte de los méritos de lo hecho por el equipo.

Los Marlins han recibido lo que esperaban cuando trajeron al puertorriqueño de 51 años, luego de ser parte fundamental del equipo de los Medias Rojas de Boston, en donde estuvo entre el 2013 y 2015, que ganó la Serie Mundial en el ´13.

Tras una efímera carrera de tres años con los Cerveceros de Milwaukee, el otrora lanzador se ha convertido en un guía de lujo para los serpentineros de los peces.

A pesar de lo mucho que se critica –y con bases válidas—lo hecho a través de los años por la gerencia de los Marlins, encabezada por su dueño Jeffrey Loria, no es casualidad, aunque así lo parezca, el éxito que ha tenido este año el equipo que juega en la Pequeña Habana.

Los Marlins blindaron al staff del equipo. Primero con la firma de Don Mattingly como mánager, quien llegaba de un conjunto de los Dodgers que clasificó en tres de las cinco campañas en las que estuvo al mando. Llegó Barry Bonds, quien fue una apuesta que ha salido positiva, entendiendo que es la primera vez que cumple funciones de coach, en este caso de bateo. Y culminando con Nieves, que se ha encargado de una manera magistral, de los lanzadores.

Si hay algo que han demostrado este año los Marlins, sin importar cómo termine todo, es la resiliencia que tiene el equipo.